

Si algo es sinónimo de pueblo y verano, de costras en las rodillas y de nuestra infancia, lo es, sin duda, la bicicleta.
Era el objeto más caro de entre todas las posesiones de los niños españoles, la compañera de aventuras que les llevaba lejos de las miradas de los adultos.
BH Gacela, el icono de barra baja
“Una bicicleta BH es una bicicleta ‘bien hecha’”, desde sus primeras versiones de barra baja y frenos de varilla de mediados del siglo pasado, se mantuvo en producción hasta bien entrados los noventa, adaptándose tímidamente a los tiempos sin demasiados cambios estéticos.
Los más nostálgicos están de enhorabuena, pues desde 2018 vuelve a estar a la venta manteniendo un aspecto casi idéntico al que tuvo en los ochenta.
La BH Plegable, la imprescindible ‘dominguera’
Muchos la recordarán como la primera bicicleta que tuvieron de niños en su versión de rueda de 16”. Habituales junto a mesitas plegables y neveras en el maletero o la baca de los utilitarios de los domingueros de la época, se vendían como bicis para toda la familia, solo había que subir el sillín y el manillar para que la usasen tanto hijos como padres.
GAC Motoretta 2 y la fiebre ‘bicicross’
La primera Motoretta era originalmente poco más que una bicicleta plegable con ruedas “de tacos” de 20 pulgadas, pero en su segunda generación se le añadirían elementos que la acercasen más a la estética de moto de cross.
Característica por su asiento tipo banana, guardabarros y unas formidables horquillas de cuya única función era añadir más peso a un conjunto de por sí nada ligero.
Monty T-219, para locos del trialsín
Una vez superada con las AKM la frontera psicológica de las 30.000 pesetas, muchos se atrevieron a pedirse una de estas, pero pocos la consiguieron.
Los afortunados descubrieron que no era la mejor para pedalear, pero sí para tomarse en serio aquello de hacer el cabra.
El trialsín era la nueva religión y el exitoso joven Ot Pi su profeta absoluto.
Orbea Moncayo, la más popular
En una España que se pasaba desde mayo hasta agosto pegada al televisor siguiendo las tres “Grandes vueltas” era de esperar que las bicis de carretera o ruteras también tuvieran éxito.
La Moncayo, que seguía la tradición de Orbea de nombrar con topónimos sus bicicletas, fue una de las más sencillas y populares de la época.
BH Running Bull, la primera ‘mountain bike’ española
Cuando llegan las primeras noticias de la nueva tendencia en EEUU de las bicicletas de montaña “se inventa” la primera bicicleta de montaña 100 % española.
Con cinco velocidades (montaba un único plato), ruedas de 26” con cubiertas de color azul, manillar y potencia directamente heredados de la California y el resto de componentes fabricados en su mayoría por la misma BH o por sus proveedores locales, el resultado final es poco menos que una California hormonada.
Pinarello Espada, el potro de Induráin
No podíamos cerrar este repaso sin recordar este pedazo de la historia del deporte nacional. Con ella batió Miguel Induráin en el Récord de la Hora el 2 de septiembre de 1994, una marca que estuvo en su poder durante… unos cincuenta días.
Pinarello ideó una bicicleta con un cuadro monocasco de fibra de carbono que, con un peso total de poco más de siete kilos. Los italianos fabricaron distintas versiones de la Espada que luego serían utilizadas en las cronos en carretera.
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Fuente El País